Luis Carlucho Martín

Con el doblete sísmico todo cambió. El miedo es el sentimiento a la orden del día. Pero dicotómicamente la valentía de gente de a pie que, por rescatar a su familia, viva o muerta, brota y se manifiesta a diario. Sin dudas, la región más afectada fue todo el litoral central. Y en medio del caos y tanta confusión, la gente, adrede o no, en redes sociales, de boca en boca, a través de medios de comunicación tradicionales como radio, prensa o TV, en sus móviles o en sus tablets, expresa de igual manera La Guaira o Vargas, para referirse al mismo espacio físico.

Como sea, estamos con ustedes con su dolor y apoyándolos, como podemos, en su recuperación, desde lo físico hasta lo espiritual. Y en aras de la precisión histórica y periodística, advertimos que esa región ha cambiado oficialmente de nombre en 10 ocasiones. ¿Habrá un nuevo cambio en su proceso de rediseño?

Se trata de un pequeño territorio enmarcado en una franja lineal que albergaba al menos unos 500 mil habitantes, limitando al norte con el Mar Caribe, el sur –demarcado por el Guaraira Repano– colinda con Caracas y Miranda, al este con Miranda y al oeste con la zona costera de Aragua.

Un dato que correspondería aclarar a las autoridades es cuán beneficioso ha resultado ese quitipón de nombres a tan estratégico territorio, hoy devastado por el doblete sísmico ocurrido el día de San Juan. ¿Qué resultado tangible ha representado las numerosas abominaciones nominales para Juambimba? Las necesidades reales de esa zona pasan por otras demandas y exigencias, y así ha sido siempre. Luego de haber superado el deslave del 99, la vaguada de 2005, ahora enfrenta la desolación a partir del pasado 24 de junio, lo que implica otros requerimientos urgentes que en nada se relacionan con el nombre.

Sus inicios

El margariteño Francisco Fajardo fundó en esa zona, por allí por la actual Caraballeda, Villa del Collado en 1555, y desde entonces hubo reyertas por intereses económicos por las riquezas que representaban estas tierras.

Guiacamacuto y su legión de guerreros en contra de la manera cómo se imponían los intereses españoles en el sector echan a los conquistadores. Allí continuó la vida en transitar de indios caribes pobladores que desplazaron a los originarios arauacos, y cantidad de bucaneros y piratas que pretendían de alguna manea hacerse del oro y otras bondades de la zona.

Esa región posteriormente se convirtió en nación Tarma, con extensión desde Puerto Maya hasta los Valles del Tuy incluso.

Hasta que el día de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio de 1589 llegó un tal don Diego de Osorio, con luz verde del Imperio español y comenzó a imponer orden de acuerdo con los intereses de la Corona.

A él se le atribuye formalmente la fundación de San Pedro de La Guaira, que comenzó a crecer como todo pueblo en torno a dos calles que iban esparciendo casas, pulperías y pequeños establecimientos incluso rancheríos, de este a oeste, con la infaltable iglesia, hasta que se entendió la importancia de un puerto y de la Casa Guipuzcoana, que pasaron a ser instituciones tan sagradas para la vida cotidiana como el propio clero.

Jamás podrían haberse imaginado sus habitantes en que tan cotizado suelo nacerían los luego presidentes José María Vargas y Carlos Soublette, o José María España y Manuel Gual… o el mismísimo Armando Reverón…tierra bendita, de pescadores, insignes deportistas y llena de sangre guerrera.

Cronología de un nuevo nombre

El último cambio de nombre lo protagonizó el Consejo Legislativo del entonces estado Vargas por petición del entonces gobernador Jorge Luis García Carneiro “para corregir un error histórico y dar relevancia a la voz indígena”, en referencia a que los primeros pobladores llamaron a la zona Huaira, luego Guaira, según reseñan los historiadores.

Con el nacimiento oficial del Distrito Federal en 1864 Maiquetía y La Guaira formaban parte de ese territorio agrupados en dos departamentos, Vargas (La Guaira, Macuto, Caraballeda, Naiguatá y Caruao) y Aguado (Maiquetía, Carayaca, Tarma y Olivares).

Cuatro años más tarde aparece este territorio como parte del estado Bolívar –actual Miranda– del que se desafilia en 1879 porque pasó nuevamente a Distrito Federal, para ser reclamando un año más tarde otra vez por Bolívar; o sea que los habitantes estuvieron del timbo al tambo desde el punto de vista político administrativo.

En 1900 el Departamento Vargas es incorporado al Distrito Federal, y Aguado al ahora estado Miranda, hasta que ambos departamentos –nueve años más adelante– se integran definitivamente a Distrito Federal, pero es en 1936 cuando consiguen su unión como Departamento Vargas. Desde esos días, el DF estaba conformado además por el Departamento Libertador.

Luego de 40 años, por otro decreto, Vargas pasa a municipio y en 1998 se separa de Distrito Federal hasta que, por Ley, seguidamente pasa a ser el estado 23 del mapa de Venezuela. Hasta que el 14 de junio de 2019 Carneiro lo llama La Guaira.

Reclamos guaireños y guairistas

El residente de La Guaira se asume tanto guaireño como varguense, según se observa en cada entrevista, en cada declaración, en cada demanda, pero se debe a un orden jurídico administrativo, así como a una serie de asuntos logísticos y legales como su imagen corporativa, himno, escudo y bandera. Y, aunque respeten mucho la memoria del Conservador Dr José María Vargas –10 de marzo de 1786–, se le da mayor realce histórico al 28 de febrero, por el natalicio de José María España –1761–, líder de la gesta emancipadora Gual y España que fue la luz incendiaria en favor de la Independencia, aunque selló su destino descuartizado en la Plaza Mayor de Caracas.

Ahora La Guaira –o si deciden retomar el nombre Vargas– espera más apoyo humano, logístico, económico, espiritual, tecnológico y de todo tipo, para avanzar en su reconstrucción física que le permita habitabilidad segura y la reactivación de su propia economía basada en actividades turísticas, gastronómicas y pesqueras, así como aduaneras y de comercio internacional por poseer el principal puerto y aeropuerto del país. Desde hace mucho han esperado la adhesión legal del archipiélago de Los Roques que sin dudas dejaría dividendos extraordinarios, pero ese tema está solapado. Luce prioritario cómo lograr la confianza nuevamente del visitante y la inversión. Tremendo desafío, a todas luces, más importante que un simple nombre.

Por su parte, los guairistas, aunque aún de luto, esperan un segundo aire para ver si retoman la senda ganadora que, luego de 38 años de sequía, les dio un campeonato de la Liga de Beisbol Profesional y una Serie del Caribe. Eso no es de merecimiento sino de competencia.

 

 

El Pepazo

Fuente original: Diario Digital El Pepazo https://elpepazo.com

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