Luis Carlucho Martín

El pasado 4 de noviembre cumplí 61 años. Me invitaron al estadio Universitario para ver el juego Caracas vs mi ex equipo Tiburones de La Guaira. Hey, mejor dicho, mi equipo, porque soy más guairista que el grosero dueño, y más que cualquiera que se considere por encima de todo. Aunque en ese careo –viralizado en las redes– me inclino por el MVP del Clásico Mundial. Pero eso es harina de otro costal.

La majestuosa infraestructura, con excepcional solera deportiva, desde su inauguración en 1951, hasta hoy, ha sufrido una interesante metamorfosis desde la logística, la informática y la dinámica, basada en las exigencias y algunas bondades de la mercadotecnia.

El escenario, en conjunto con el Olímpico y La Cachucha, lleva el sello del reputado arquitecto Carlos Raúl Villanueva, padre de toda la Ciudad Universitaria –declarada Patrimonio Arquitectónico de la Humanidad por la Unesco, el 2 de diciembre de 2001, medio siglo más tarde.

El 25 de noviembre de 1951 se inauguraron los III Juegos Bolivarianos, pero fue el 12 de diciembre cuando vio acción el beisbol y el estadio Universitario quedó oficialmente estrenado con lo que resultó un juego casi perfecto.

Blas Rodríguez ponchó a 9 y ganó el juego 4×0 a Colombia, aunque la defensiva criolla cometió 3 pecados que le quitaron la etiqueta de perfección al histórico no hit no run lanzado por el larense.

De vuelta a mi noche de cumpleaños pudimos comprobar que la gente de publicidad mintió por las redes, ya que aseguraban desde el día anterior que habían vendido las 30 mil localidades que soporta como aforo el estadio caraqueño.

Entre esas cosas que ofrece el marketing, los lunes y miércoles te tomas dos birras y pagas una sola. Cómo iba yo a despreciar el líquido regalo a sabiendas de que soy un mísero asalariado. Cómo iba a fallar esa bombita. Y mientras disfrutaba el ambiente llegaban dos más y dos más y dos más…

El juego de muy mala calidad, sobre todo por el pitcheo –de lado y lado–. La noche anterior, cuando cumplieron años mis hermanos de la vida Luis Marichales y el Dr Ricci Terán, los resultados dieron pena.

Magallanes 11 y Bravos de Margarita 7 (18); La Guaira 9 y Caracas 4 (13); Caribes de Anzoátegui 16 y Águilas del Zulia 12 (28). Y no hubo más carreraje porque descansaron Cardenales y Tigres de Aragua. Un total de 59 carreras en tres juegos, promedio de 20 carreras por cada encuentro. Una locura. Una grosería. O los tipos batean mucho o los lanzadores no sirven pa’ un carajo, con lo cual deshonran el valor de los excesivamente costosos boletos de entrada.

Presenciamos cómo funcionarios y funcionarias del orden público –en perfecta unión cívicopolicial– protegen a los mafiosos revendedores de entradas.

Pero lo que más me afectó –que es el alma de estas líneas– es que a pesar del modernismo y lo costoso del regalo que me hicieron, el estadio no ofrece un servicio óptimo de urinarios para descargar el líquido ingerido en la refrescante promoción.

Los baños, de damas y de caballeros, fueron insuficientes para la cómoda y oportuna irrigación de los 16.346 esfínteres, asistentes oficialmente al parque, sobre estimulados con el frío, espumoso y sabroso elixir que, por cierto, no es nada barato: 1.5 dólares en los kioskos oficiales y $2 y pico si te la llevan al asiento. A ello súmele unos 15 dolitas, por persona, para comerse alguito. Por cierto, les recomiendo el kiosko “El Pequeño Juan” afuera del estadio, en la plaza…No se arrepentirán.

Fue tal el caos para la micción colectiva que varios meones lograron aplausos porque escoltaron a gran cantidad de damas para que hicieran lo suyo, con mucha seguridad, en los baños de caballeros, por la insuficiencia de pocetas adecuadas.

Al ritmo de samba vi cómo La Guaira perdió contra los mininos capitalinos y sufrí mi incómoda condición prostática que en sí misma genera muchas visitas al “pipiroom”, motivo por el cual me perdí un poco más de dos innings en esas interminables colas en las puertas de los escasos baños.

Vemos con beneplácito muchos sitios nuevos de comidas rápidas y de promoción de productos. Hay suficientes espacios para construir suficientes baños para damas y caballeros que garanticen su derecho a una digna meada. Alguien debe atender el tema.

 

El Pepazo

Fuente original: Diario Digital El Pepazo https://elpepazo.com

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